“La manera correcta de criticar”

Y hoy vamos a hablar sobre la manera correcta de criticar.

Una vez entró un rabino joven al cuarto del Rebbe anterior de jabad, Yosef yitzjak y le pidió que lo guiara en la mejor manera de hacer caer en consciencia a su congregación. Su respuesta, incluyó una descripción detallada del un hamam, un sauna. Habían tiempos donde en el hamam, uno de los “servicios” era dar latigazos en la espalda a quien lo deseara, con una toalla. Por lo visto hay muchas personas, que después de que su cuerpo está expuesto a una cierta temperatura, y llega a un gran nivel de sudor deriva gran placer en recibir latigazos y hasta es medicinal y ayuda a la circulación.

Imagínense, ese mismo hombre del sauna, al día siguiente, caminando por la calle y de pronto se encuentra con el que le dio latigazos hace unas horas y este saca la toalla y empieza con su ritual…obviamente, que en este escenario y circunstancia, este es considerado un acto de violencia y hasta criminal, y el recipiente se ofenderá hasta lo más profundo de su ser.

Porqué hay tanta diferencia de reacción si es el mismo acto?

En el sauna, el hombre “entró en calor”, y estba preparado y dispuesto a recibir los latigazos, pero en plena calle, y “en frío”, no estaba preparado ni física ni emocionalmente.

En resumen, para poder llegar a lo que llamamos con mucho cuidado, una “crítica constructiva” que lo influencien a ser mejor o a rectificar, hay que entrar en calor, y hacer que la persona quiera recibir. Solo entonces podemos guiarlo, con palabras sutiles y respeto a reflexionar sobre sus hechos y ayudarlo en el proceso de refinamiento.

Si queremos ayudar a  alguien a solucionar algún problema, podemos hacerlo solo en el momento y lugar propicio y solo tomando en cuenta sus sentimientos.

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